viernes, 6 de abril de 2012

Contenido y finalidad de esta materia.

El objetivo de la educación social y cívica es incorporar en la formación cultural de los jóvenes un conjunto de conocimientos que les permitan tener una idea general aunque completa, del ambiente social e institucional en que habrá de desarrollarse su vida adulta.
Al igual que ocurrirá con otras materias cuyo contenido está conformado por conocimientos que no se refieren a los fenómenos naturales de índole física o material — aunque se trata igualmente de cuestiones que existen en la naturaleza en cuanto se refieren a los seres humanos y su vida como tales — el contacto con los temas propios de la educación social y cívica puede traer aparejado al joven que viene cursando sus estudios secundarios, algún tipo de dificultades iniciales de adaptación.

En el proceso de desarrollo de cada persona humana, y de conformación de su personalidad propia, el desenvolvimiento físico a partir de los primeros años de la niñez, va acompañado permanentemente del aprendizaje de todas las circunstancias en medio de las cuales se desenvuelve. Concomitantemente con su desarrollo mental e intelectual, la educación formal trata de estimular ese desarrollo al mismo tiempo que va proveyéndolo con habilidades instrumentales (hablar, leer, escribir, hacer operaciones aritméticas) y gradual pero crecientemente con el ejercicio y el perfeccionamiento de sus capacidades de raciocinio y de interpretación lógica de la realidad que le rodea.
El conocimiento de los elementos de las ciencias de la naturaleza, constituye sin duda un primer escalón de percepción y comprensión de la realidad; a partir del conocimiento del propio cuerpo, de cómo funcionan sus actividades tales como la alimentación y los mecanismos respiratorio, circulatorio, nervioso, etc. La ubicación espacial permite situarse en el medio físico, percibir adecuadamente los lugares en que se vive y se desplaza, comprender la índole de los elementos que lo rodean (tales como el aire, el agua, la tierra) y de los materiales con los que el hombre construye numerosas cosas de las que se sirve (sus utensilios, sus ropas, sus casas, todos los objetos que utiliza). Del mismo modo ocurre con otros elementos materiales con los que los seres humanos tratan, conviven o se sirven de ellos, como los animales, los vegetales, o los minerales.
Pero por imposición de la Naturaleza, todo ser humano está necesariamente inserto en un ambiente social. Es decir, convive con otros seres humanos con los cuales tiene diversos tipos de relaciones; como resultado de cuyas relaciones recibe influencias que incorpora permanentemente en su personalidad, a la vez que encuentra condicionamientos en su conducta por diversas limitaciones y aún imposiciones. El conocimiento ordenado y sistemático, inicial, de los elementos que componen esos factores de convivencia del individuo humano en el medio social en que necesariamente actúa es el objeto de esta materia.
El proceso educativo está dirigido a proveer a las personas humanas de los conocimientos y fundamentalmente de guías de conducta que les permitirán a lo largo de su vida, desempeñarse no solamente de la mejor manera para sí mismos en todos los aspectos; sino además, para integrarse en las distintas sociedades y ambientes en que habrán de vivir. Y también, para relacionarse en condiciones adecuadas con las otras personas con que habrán de tratar, desde sus familiares más cercanos hasta aquellos con quienes traten ocasionalmente; pasando por las personas con que habrán de tener tratos relativamente frecuentes en sus lugares de residencia, de estudio, de trabajo o de esparcimiento.
Las disciplinas que se refieren directamente a las realidades sociales de los seres humanos — que por eso se denominan genéricamente “humanidades” — no tratan con objetos materiales, sino que se componen fundamentalmente de conceptos. Es decir, contienen conocimientos que por su propia naturaleza deben captarse con la mente, por un proceso intelectivo, integrarse en uno mismo a través de su comprensión y de la reflexión intelectual que los analice; en todo caso, cotejándolos con lo que sugieren los conocimientos históricos y con las limitadas experiencias directamente conocidas de la realidad social y política, ya alcanzadas y comprendidas en la edad de la adolescencia.
El estudio de la Historia tiene un sentido más profundo que el simple conocimiento de los hechos del pasado; al permitir beneficiarse con la comprensión de muchos factores determinantes de la vida de las sociedades y los países sin necesidad de tener que vivirlos directamente. Del mismo modo, el conocimiento de los componentes, las estructuras y el funcionamiento de las relaciones de los individuos con la sociedad que integran — y también el conocimiento de las estructuras institucionales que ha adoptado el país en que viven — permite a quienes por su edad han alcanzado ya la madurez intelectual suficiente, adquirir un sentido de su propia posición en el mundo que les rodea. Al mismo tiempo, les permite adquirir una mejor comprensión de la posición de las personas con que están relacionadas; lo que es algo así como conocer el terreno y el paisaje social en que deberán vivir en adelante.
En la etapa de los estudios secundarios, el joven alumno reúne las condiciones que lo habilitan para que tome su primer contacto con los conocimientos referentes a la estructuración y funcionamiento de la vida social, tanto en su aspecto estrictamente privado como en sus manifestaciones cívicas e institucionales.
Muchos de esos componentes serían susceptibles de un estudio y un análisis mucho más profundo, como objeto de diversas disciplinas especializadas, tales como la sociología, el Derecho en sus diversas ramas, la economía, la política en sus diversos enfoques. En esta oportunidad, se trata solamente de establecer un gran cuadro de la vida social y cívica en que el estudiante está inmerso desde ya; y en la cual, cualquiera sea su destino, necesariamente habrá de estarlo el resto de su vida. Por eso, se integra con un fondo mínimo de conocimientos que de todas maneras — al igual que el idioma, la escritura, la aritmética, la geografía, la historia, la biología y la fisiología, la física, la química y otras materias — es necesario y aún indispensable que toda persona adquiera, no importa a qué se dedique durante su madurez, en qué llegue a especializarse, o en qué lugar llegue a vivir.






 CONVIVENCIA

La convivencia en sociedad, por lo tanto, siendo un componente ineludible de la vida de toda persona humana, importa la necesidad de someterse a ciertas reglas de conducta; aunque sea dentro de límites relativamente elásticos. Por otra parte, toda sociedad tiene como normas primarias aquellas que establecen su organización; es decir, ciertas estructuras que tienden a mantenerse estables a lo largo de un extenso período de tiempo, y que asignan ciertas funciones y establecen ciertas formas de autoridad a las que se asigna una legitimidad consensuada y acatada.
En último análisis, las estructuras de la organización social, son hechos de la Naturaleza. Sin que sea nuestra función asumir o exponer concepciones religiosas o filosóficas, no puede menos que reconocerse que el fenómeno de la organización de la sociedad — tal como ha ocurrido a lo largo de los tiempos y nos permite conocerlo la Historia — aunque exhiba diversidad de formas y estructuraciones, es un hecho espontáneo de la realidad humana.
Perceptible como lo es la realidad ineludible de la existencia de la sociedad humana como un elemento intrínseco de la realidad, también la realidad de su estructuración mediante el establecimiento de elementos tales como la existencia de una autoridad y de un condicionamiento recíproco del albedrío individual, resulta como una consecuencia natural de aquella.
La capacidad de raciocinio de que estamos dotados, determina que no sea dificultoso comprender inmediatamente, que no podría existir una convivencia humana en sociedad razonablemente normal, si no existieran limitantes a las conductas absolutamente libres de sus individuos. En ese sentido, la libertad, socialmente considerada, es aquel ámbito en el cual, gracias a la existencia del orden social, cada individuo puede ejercer su albedrío sin verse afectado por el de los otros, ni tampoco afectarlo.
En consecuencia, a pesar de que todo lo relativo a las relaciones del hombre en la sociedad y en la estructura cívica del Estado, parece admitir un gran margen de variabilidad — y de hecho así ha ocurrido a lo largo de la Historia — ha de tenerse muy clara conciencia de que la integración a la sociedad, el acatamiento espontáneo y voluntario de sus reglas esenciales, y la consiguiente limitación del arbitrio individual a ellas, no es una imposición artificial. La libertad, tanto como las limitantes sociales que la determinan, son una manifestación de la realidad de la Naturaleza misma del hombre como un ser necesariamente social.
Enfocado el ser humano en cuanto ser individual, sus componentes esenciales son:
  • Su raciocinio — como determinante de su potencial intelectual;
  • Su espíritu — como determinante religioso o filosófico;
  • Su afectividad — como determinante de sus sentimientos.
Enfocado como un ser social, los determinantes esenciales de su personalidad son:
    Su libertad — como determinante de su capacidad de pensar, creer, discernir y elegir según su albedrío;
  • Su responsabilidad — que como contrapartida de su libertad, es susceptible de una valoración puramente subjetiva en el plano de los valores morales o éticos — y de una valoración objetiva, en el plano jurídico, en que el ser humano es valorado en cuanto sujeto de Derecho, y por tanto titular de derechos y de obligaciones frente a los otros seres humanos, y respecto del Estado.




Líneas azules



3 comentarios:

  1. Es una materia muy interesante donde vamos a aprender muchas cosas, y lo que habla sobre la convivencia es muy importante.

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  2. Yo no sabia esta informacion tan interesante, pero gracias a este blog ahora losé

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